Sostiene Pereira, una sinfonía literaria de Antonio Tabucchi
Por: Freddy Mizger.
Un
amigo me recomendó la lectura de Sostiene Pereira, una novela corta de
aproximadamente 180 páginas del escritor italiano Antonio Tabucchi, nacido en
Pisa en 1943, y muerto en Lisboa en 2012. Recuerdo que me dijo: “Genial, el
narrador menciona muchas veces el título en toda la narración y no fastidia para
nada”. Y tuvo razón. Pensé en Cien años de soledad, pues en el capítulo
X, a partir del párrafo 18, el nombre de Remedios, la Bella, se repite 11 veces
en 5 párrafos sin cansar o impacientar al lector. Debido a ese amistoso
comentario, me armé de papel y lápiz para que a medida que iba leyendo fuera
anotando en forma de palitos, las veces en que se repetía el título. El
resultado fue el siguiente: Sostiene Pereira se repite 68 veces, algunas igual
como el título, y, en otras, intercaladas con otras palabras entre el verbo
conjugado “sostiene” y el apellido “Pereira”, un ejemplo de esto se registra
cuando el narrador dice: “No veo la conexión entre las dos posibilidades,
sostiene haber dicho Pereira.” Otras 68 veces se reitera, pero a la inversa, es
decir, Pereira sostiene, combinándolo también con intercalaciones entre el
apellido y el verbo: “Se pasó buena parte de aquella tarde así, pensando en su
infancia, pero eso es algo de lo que Pereira no quiere hablar, porque no tiene
nada que ver con esta historia, sostiene.” Y, por último, 41 veces solamente el
verbo sostiene. A excepción del tercer capítulo, todos terminan con algunas de
las expresiones anteriormente clasificadas. La distribución de estas
expresiones es de una asombrosa y curiosa simetría y esteticidad, que sólo
resta decir que el autor logró, al igual que nuestro premio Nobel, el ritmo y
la musicalidad dentro del mundo de la objetividad literaria en 25 capítulos,
cronológica y linealmente encadenados en el tiempo.
La
novela se publicó en 1994. Está ambientada en Lisboa, en la Portugal Lisboa, en
la Portugal de Luis de Camoes, Fernando Pessoa y José Saramago. Su personaje
central es Pereira. Nunca se nos dice su nombre —en el
caso de que Pereira sea un apellido—, pero sabemos que es un periodista católico de la
sección cultural del periódico el Lisboa, que es viudo y soltero, de
avanzada edad, con problemas cardíacos, ferviente amante de la literatura
francesa y de la buena literatura en general, lo suficiente como para no
manchar ese fino gusto con asuntos políticos. Aunque a Pereira no le gusta que
los textos sobre literatura estén sesgados ideológicamente, no quiere decir que
no reflexione con cierta timidez sobre lo que se respira en la Europa que está
viviendo, aunque no tome un papel activo ante las circunstancias. Con relación
a otros datos que tienen que ver con el cuerpo y alma de esta novela, dejemos
al mismo autor que nos contextualice con sus palabras plasmadas en la nota a la
décima edición italiana: “Encontré para Pereira un mes crucial en su vida, un
mes tórrido: agosto de 1938. Pensé en una Europa al borde del desastre de la
segunda Guerra Mundial, en la Guerra Civil española, en las tragedias de
nuestro pasado reciente.” Y a lo que se refiere a Portugal, al personaje lo
rodea la atmósfera de la dictadura salazarista. Mussolini, Franco y Hitler,
simpatizan con António de Oliveira Salazar, sin que esta relación se mencione
con insistencia directamente.
Cuando
afirmamos que Pereira es un personaje central, no solamente lo decimos en una
acepción elemental del término, sino en el sentido en que los personajes que
rodean y se relacionan con Pereira, sirven para activar en él, fuerzas
psicológicas que ni el mismo Pereira entiende a lo largo de la historia.
Monteiro Rossi sería el primer personaje con el cual tiene contacto por fuera
de su rutina laboral y doméstica (su rutina laboral se reduce en publicar
efemérides y cuentos franceses traducidos por él sin nunca firmarlos, y su
rutina doméstica a comer omelettes y tomar limonadas en el Bar la orquídea). A
Monteiro lo conoce después de leer una tesina de este sobre la muerte. Lo
contacta y se cita con él para contratarlo con el objetivo de escribir
necrológicas anticipadas sin sesgo político o revolucionario (necrológicas de
escritores que todavía no hayan muerto). Monteiro Rossi hace lo contrario, sin
embargo, nuestro personaje se las paga con el dinero de su bolsillo sin nunca
publicarlas, guardándolas en una carpeta sin saber el porqué, tal vez porque el
joven y la posterior aparición de Marta, la novia de Monteiro, les recuerda su
juventud y el hijo que nunca pudo tener con su esposa ya muerta y con la cual
habla a solas con su retrato. Un segundo encuentro con otro personaje es con su
amigo Silva en la ciudad de Coimbra, es un encuentro frívolo, fracasado, donde
su amigo parece no importarle lo que está pasando políticamente, sino en el vivir
con comodidades y sin preocupaciones. En el tren de regreso conoce a la señora
Ingeborg Delgado, con la cual llega a hablar de política actual, invitándolo
como periodista, a que tome partido y sea libre expresándose. La idea y la
sensación le quedan dando vueltas en su alma, a pesar de que se le impone como
un muro en su espíritu, la supervisión de su director y los jefes de censura.
Los
pequeños intercambios de política actual con Manuel, el mesero que siempre lo
atiende en el bar, los nuevos encuentros con Monteiro Rossi y Marta para que
los ayude con un nuevo personaje, Bruno Rossi, primo de Monteiro, quien se
encuentra como clandestino en Portugal para fortalecer un grupo republicano, y
la rígida soledad de viudo sin sexo en un cuerpo obeso, también se van
agregando y orquestando en su psique, junto a otro personaje que se suma a esta
sinfonía psicológica, su religioso amigo, el cura António, en quien confía para
confesarse y conversar sobre temas también políticos. Pero todos estos “ingredientes”
no son nada sin el encuentro con el doctor Cardoso, cuando Pereira decide irse
por una semana a Parede por cuestiones de salud a internarse en una clínica de
talasoterapia, donde en medio de las conversaciones con el mencionado doctor,
este le habla de una teoría francesa, psicológica y filosófica a la vez; la
teoría de la confederación de las almas (varios yoes), dirigida por un yo
hegemónico. Dice el doctor en medio del diálogo: “Lo que llamamos la norma, o
nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende
del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la federación de nuestras
almas; en el caso de que surja un yo, más fuerte y más potente, este yo
destrona al yo hegemónico y ocupa su lugar, pasando a dirigir la cohorte de las
almas, mejor dicho, la confederación, y su predominio se mantiene hasta que es
destronado a su vez por otro yo hegemónico, sea por ataque directo, sea por una
paciente erosión.”
Bajo
este panorama, los jóvenes románticos, revolucionarios y republicanos, la
silenciosa decepción de su amistad con Silva, el consejo de la señora Delgado
(lectora de Thomas Mann), los breves y ágiles momentos de atención del eterno
mesero, la ferviente conversación y orientación de un cura con perfil crítico y
humanitario, y las nuevas exigencias patrióticas del director del periódico el Lisboa,
danzan y tejen inconscientemente en la mente de Pereira, un aura listo y
maduro para estallar en medio de su redonda y rutinaria soledad de viudo, a
punto de formarse y forjarse un nuevo yo ante su presente y futuro.
En
la nota de Antonio Tabucchi a la décima edición italiana comentada al comienzo,
también nos dice el autor que la historia de Pereira está basada en la historia
real de un periodista de cuyo nombre prefiere conservarlo oculto, pero nos
recuerda que “en portugués Pereira significa peral”, que es un género de árbol
frutal. No obstante, agrega una connotación literaria, la que le sugirió el
título de una pieza teatral de Eliot; What about Pereira?, “en la que
dos amigas evocan, en su diálogo, a un misterioso portugués llamado Pereira,
del cual no se llegará a saber nada.”
Por
mi parte, ya cumplí con el placer literario de acompañar a Tabucchi y a su
amigo y personaje Pereira, a saber más de él y de sus frutos, a tratar de adivinar
los sueños que lo visitan en sus noches y que el narrador no da casi cuenta de
ello, a ir de la mano con él en su epifanía y danza psicológica hasta el final,
caminar con él en ese asomo gradual y orgánico de su nuevo yo a través de un
narrador en tercera persona que sólo se limita a mostrarnos lo que piensa su
héroe, porque a los demás personajes únicamente lo conocemos en función del
periodista del Lisboa. Sólo te resta a ti, inquieto lector, descubrirte
a través de él, acompañarlo en esta orquestación psicológica en medio de la
reiteración musical de su título en toda la obra, y conocer el estallido de un
antiguo yo hegemónico y el advenimiento de un nuevo hombre —dentro de un final abierto—, conservando, sin embargo, como es natural, una especial
y única sombra y luz de su pasado.
Excelente novela. La leí hace años porque mi papá me había recomendado la película, muy buena adaptación protagonizada por el gran Marcelo Mastroianni. Luego, compré el libro y se lo regalé a mi papá. Me parece hermosa la manera como el personaje de Pereira se va transformando al punto de asumir posturas antes inimaginadas. Amo esa novela, la recomiendo siempre. Gracias Freddy.
ResponderEliminarBonita esa relación con tu papá, voy a ver si consigo la película para verla.
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